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Fuente: Elaboración Propia sobre la base de datos de Secretaría de Ambiente y Desarrollo Humano – Dirección de Bosques, 2002. La situación de la Selva de Yungas, no deja de ser un ejemplo paradigmático de lo acontecido primero con el avance de la caña de azúcar y hoy en día directamente con la fuerte presión por sistematización de campos para soja. Aproximadamente un tercio de la superficie de las Yungas responde a la selva pedemontana, la de mayor riesgo frente a este avance. De casi 2.100.000 de hectáreas, el 75 % del total, es decir alrededor de 1.500.000 hectáreas ya han sido transformadas para la producción agrícola. Sólo en el área pedemontana, son más de cien las especies de árboles las que viven, de las cuales, 40 son exclusivas y 10 son de interés forestal actual, lo que implicaría la posibilidad de una explotación forestal racional y certificada, que no ameritaría su destrucción definitiva. El pasivo ambiental generado en tantas áreas del país se suma como veremos a la degradación y pérdida de estructura y nutrientes de muchos de los suelos más ricos del mundo, aquellos alojados en Pampa Argentina, y que fueron la base de su riqueza, que si bien siempre mal distribuida, permitió ciertos procesos de expansión y progreso del país en épocas pasadas. La fuga de materiales - resultado de la erosión - sumado a una extracción minera de nutrientes por parte de la agricultura y el abandono de las rotaciones con ganadería, está planteando que estos suelos se vean obligados a ser fertilizados masivamente, con agroinsumos sintéticos, en poco tiempo. Degradación, erosión y desertificación tienen una directa consecuencia ambiental, escasamente perceptible hasta su materialización en la imposibilidad productiva, lo que se manifiesta en algo aún más terrible: el aumento de la pobreza, la devaluación económica de los recursos y el aumento del costo social. La enfermedad ecológica nacional más grave de un país agroexportador como el nuestro, está vinculada al proceso de desertificación y a su manifestación más evidente hasta en los climas superhúmedos: La erosión (Morello y Pengue,2001).
Sobreexplotación y subvaluación de los recursos: La Deuda Ecológica que crece. Pareciera ser que "la gran aspiración de esta ‘nueva agricultura’, sería un verdadero salto cuantitativo de la producción actual, liderada por la monocultura sojera, de real peligro para la diversidad biológica y la regeneración de los suelos"(INTA, 2003). "En la Argentina, hay alrededor de 60 millones de hectáreas con algún grado de erosión que equivale a la superficie de las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe (en conjunto una superficie mayor a la de Francia). Tenemos las tres cuartas partes del territorio con procesos de aridez y semiaridez. El costo anual de esta erosión es de mil millones de dólares y si se toma solamente a la Región Pampeana, el calculo alcanza los 600 millones. Esas pérdidas se duplican, si contabilizamos los daños a la infraestructura (redes ferroviarias, viales, puentes, embalses)" (Casas, 2003). Por supuesto, estos costos se incrementan más cuando valorizamos las externalidades y la exportación de nutrientes, sin reposición natural, que se van con los cultivos (otros 900 millones de dólares con la cosecha actual) (Pengue, 2003) (Cuadro Nº 2). La sobreexplotación exportadora, sostiene al gobierno de la mano de las retenciones agropecuarias (alcanzan el 22 % de la exportación de granos), garantiza la continuidad en el pago de los servicios de la Deuda Externa y por otro lado incrementa día a día la Deuda Ecológica. Cuadro 2 roducción de Soja en la República Argentina: Estimación de la exportación de nutrientes (Nitrógeno y Fósforo) y sus costos para la cosecha 2002/03 estimada en 34.000.000 de Toneladas.
Fuente: Pengue, 2003 (b).
Los beneficios alcanzados por algunos sectores, no pueden disimular los daños ya claramente identificados: Impactos sociales (entre 1988 y 2002 desaparecieron 103.405 establecimientos a escala nacional, y más del 30,5 % en la Región Pampeana, alrededor de 60.000 menos), concentración y escala (la unidad económica pampeana pasó de 257 a 538 has.) (Cuadro Nº 3), en el país hay 127.565 familias de pobres rurales, efectos económicos como las externalidades ya enunciadas, pérdidas de prácticas sustentables (sólo en el último quinquenio la superficie sembrada con soja aumento un 75 % mientras que el maíz se redujo un 34 % (Cuadro Nº 4) y si llevamos la cifra a la última década el área sembrada con la primera fue de un 126 % mientras que la del maíz lo hizo sólo un 14 %, diez millones de argentinos están en la indigencia y 20 millones se encuentran bajo la línea de pobreza con el 22 de la población desocupada, uno de cada cinco niños en Argentina está desnutrido, o sea que alrededor de 2.108.237 niños no tienen cubiertas sus necesidades básicas de alimentos, ventas subvaluadas de campos (17.000.000 de hectáreas ya están en manos de extranjeros) y fenómenos culturales que junto con los impactos ecológicos ni siquiera han sido mencionados o medidos correctamente. A esto se suma, y no es un tema menor, la inadecuada orientación de la política científica en el sector agropecuario, la corresponsabilidad entre eficiencia económica productiva y eficacia social o la contribución o no hacia los sectores más desfavorecidos de la sociedad. Cuadro 3 Disminución de las Explotaciones Agropecuarias por Grandes Regiones. Argentina.
Fuente: Elaboración Propia sobre la base de datos del Censo Nacional Agropecuario 2002, INDEC. (*NEA: Nordeste de Argentina, **NOA: Noroeste de Argentina). Cuadro 4 Evolución de la soja durante el quinquenio 1996/97 – 2001/2002 respecto a otras producciones extensivas.
Fuente: Dirección de Coordinación de Delegaciones de la Secretaria de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, SAGPyA, 2003.
Desde la política aperturista de la economía de la dictadura militar diseñada desde 1976, podemos afirmar que en términos de desarrollo Argentina se ha reprimarizado y desindustrializado, habiendo retrocedido varias décadas en sus indicadores de bienestar económico y social. Este modelo de acumulación rentístico o de valoración financiera se profundizó en la década de los noventa, generando una alta concentración y extranjerización del aparato productivo a partir de una irrestricta apertura de la economía a las importaciones de todo tipo, una paridad artificial del sistema cambiario y la privatización de todas las empresas del Estado. Este fue el escenario ideal para la expansión de las corporaciones internacionales que hallaron en el modelo argentino, la posibilidad de crecer en un negocio concentrado en la producción de materias primas con escaso o nulo valor agregado, que facilitó un enorme flujo de materiales, materias primas, a precios competitivos, con un subsidio aportado gratuitamente: el suelo. Actualmente seguimos enfrentando un proceso económico apoyado directamente en la economía agroexportadora, con un alto endeudamiento externo, un mercado interno comprimido, salarios devaluados y con escaso poder de compra en el marco de una fuerte crisis social irresuelta. A esto podemos sumarle las fuertes presiones de la banca y los organismos internacionales de crédito y los gobiernos europeos por el aumento de las tarifas (las empresas son de este origen), la compensación a los bancos por la pesificación desigual y la privatización de la banca pública. A ello podemos sumarle la exigencia por mantener un superávit fiscal alto a los efectos de sostener rentabilidad para el pago de los intereses de la deuda externa y acordar nuevas condiciones a los efectos de continuar consagrando la dependencia económica. Mientras los Estados Unidos, la Unión Europea, el Japón continúan subsidiando a los productores de sus respectivas naciones y a sus corporaciones multinacionales de origen, deprimiendo los precios internacionales de los productos básicos, los productores del sur, se ven impelidos a producir cada vez más, sobreexplotando los recursos con que cuentan. Ninguna nación que se precie, ha podido resolver el nudo gordiano del subdesarrollo sosteniendo su economía en la producción de productos primarios, y menos aún, cuando se depende exclusivamente de unos pocos de ellos, con escaso poder de negociación. Las economías más desarrolladas agregan valor, que es sumar trabajo y precio, a cada una de sus producciones. Argentina, este año exportará alrededor de 70.000.000 de toneladas de granos, de los que sólo saldrán como valor agregado poco más que el 2 % de los mismos (Cuadro Nº 5). Si las economías más desarrolladas, altamente proteccionistas, no permiten el ingreso de productos de los países en subdesarrollo con valor agregado, y además se nos exige el pago creciente de deuda, será imposible mínimamente sostener el sistema, sin su destrucción en el mediano plazo. De hecho, podría ser posible que nuestros países, en conjunto especialmente los de América del Sur, sugieran una política de pagos y renegociación de deuda sólo con los ingresos adicionales que pudiesen generarse a partir de la exportación de productos con alto valor agregado final. Cuadro 5 Exportaciones con mayor valor agregado en el Complejo de Granos País % exportado con valor agregado Italia 48,2 Holanda 45,1 Dinamarca 43,2 Suecia 39,9 España 37,6 EE.UU. 17,6 Argentina 9; 2,4 Fuente: Organización Mundial de Comercio, OMC, Anuario, 1998.
3. El camino hacia la Soberanía Alimentaria Es evidente entonces, que la política agropecuaria no sólo debe contemplar el producir materias primas para sus mercados externos. En la búsqueda productivista y muchas veces acallado por la recuperación de impuestos y retenciones, el Estado Argentino ha desatendido, una situación básica, cabalmente comprendida por la mayoría de las naciones desarrolladas: Su Soberanía Alimentaria. "La Soberanía Alimentaria es un derecho de la Nación a definir su propia política agraria, de empleo, pesquera, alimentaria y de tierras de manera tal que sea ecológica, social, económica y culturalmente apropiadas para sí y sus condiciones únicas. Esto incluye el verdadero derecho a la alimentación y a las formas de producirlo, lo que significa que todos los pueblos tienen el derecho a una alimentación sana, nutritiva y culturalmente apropiada, y a la capacidad para mantenerse a sí mismos y a sus sociedades"(Cepa, 2002). Implica la determinación y el abastecimiento de los requerimientos de los alimentos de la población a partir de la producción local y nacional, respetando la diversidad productiva y cultural. El fortalecimiento del tema o la debilitación del mismo en determinados tiempos históricos o frente a los nuevos acuerdos comerciales como el NAFTA (Luzzani, 2003) donde "su política agraria sumada a la negligencia gubernamental hizo perder a México su Soberanía Alimentaria" o el ALCA tienen implicancias no sólo alimentarias sino sociales, económicas, culturales y que pueden poner en riesgo la supervivencia misma de un Estado. No sólo Argentina, sino también muchos países de la región, como el Brasil, aparentan intentar comenzar a revisar su propia política agropecuaria e inmediatamente se encuentran con serios escollos y presiones para definir una decisión soberana en este sentido. Tanto como sucede ya en la Argentina, también a Brasil comienzan a ejercer presión para la liberación de organismos transgénicos (especialmente la soja), que hoy en día componen alrededor de casi 8.000.000 de toneladas de soja OGM y que ese país no sabe como justificar, dado que su producción en tierras brasileñas no estaría permitida. La estrategia de inundar ilegalmente el sur del país con OGMs ha dado sus frutos a las corporaciones y actualmente el gobierno brasileño se encuentra frente a la disyuntiva de exportar una producción sojera por la que se le analizará en cada puerto la tipología de su contenido y se le requerirá el pago del royaltie correspondiente a la compañía Monsanto, o dársela a los pobres (¿!). El paso siguiente es el que se vislumbra y que con semejante volumen generado, las corporaciones reclamarán posteriormente la liberación comercial de OGMs en ese país. El no considerar seriamente las cuestiones de Soberanía Alimentaria, y sólo paliativos impacta por igual a los dos colosos del Sur. En ambos países, sea la campaña Fome Cero en Brasil o las medidas encaradas en Argentina, representan esquemas voluntaristas y clientelares que no atacan el corazón del problema y pobremente han demostrado resolver hasta ahora los serios problemas de acceso a los alimentos y desigualdades cada vez mayores de más de 46.000.000 de brasileños o del 57 % de la población argentina. La discusión en ambos países debe pasar por el rescate de la soberanía alimentaria y el asegurar, además del necesario fortalecimiento y control independiente sobre las exportaciones y el pago adecuado por los correspondientes impuestos, el apoyo a las economías regionales por sector y por producto, el sostener al productor en el campo rescatando el concepto de multifuncionalidad de la agricultura, el considerar con amplitud los impactos por nuevas liberaciones de OGMs y por cierto, el reconstruir un sistema productivo que mire también hacia el mercado interno (Winck,2003). La convivencia de distintas formas de producción que apunten al desarrollo sostenible de los pequeños, medianos y grandes productores, que acerquen divisas genuinas al país, que mejoren el acceso y dominio del mercado nacional y fortalezcan las economías locales, rescaten del olvido a las economías regionales, y de una vez por todas permitan a nuestros pueblos asegurar la Soberanía Alimentaria que tuvieron desde antes y durante la llegada de nuestros inmigrantes, es uno de los principales desafíos. La producción agroecológica, en el ámbito local, es una alternativa productiva, viable, económica y validada técnicamente que puede favorecer un nuevo sistema de producción que pone nuevamente en manos del productor, las decisiones sobre el qué y cómo producir.
4. La Batalla por la "Proteína" Además de la sobreexplotación de los recursos naturales para hacer frente a una creciente demanda mundial de los países más desarrollados de materias primas y la subvaluación del precio de las mismas, al no incluirse las externalidades ambientales producidas que deberían ser internalizadas e internacionalizadas, los países del Sur, especialmente los de América Latina, se enfrentan a una importante batalla, más sutil pero que transformará el futuro de sus próximas generaciones: Además de la pérdida de su soberanía alimentaria, el sometimiento al cambio de las dietas y la pérdida de la calidad nutricional de sus alimentos, básicamente de las calidades de las proteínas que se ingieren. Mientras por una parte se favorece como en Argentina, una especialización productiva que demanda una creciente cantidad de nuevas tierras para la producción de soja, se desplaza y disminuye la disponibilidad ganadera y los amplios espacios naturales para su producción, se fomenta el cambio cultural y de la dieta histórica que alimentó a generaciones con proteínas de alta calidad (carnes, leche, huevos) por aquella de menor calidad (basadas en la soja y en las supuestas bondades de la "leche de soja" o "carne" del mismo tenor). Estos cambios favorecidos por las corporaciones internacionales y por organizaciones nacionales, impulsan campañas como las de "Soja Solidaria" que pretenden alimentar a la población más pauperizada con una dieta casi exclusiva de productos derivados de la oleaginosa, sin considerar los consabidos riesgos de alimentar a los niños más pequeños, especialmente los menores de cinco años, con los derivados del cultivo (Políticas Sociales, 2002). Hoy en día, cada argentino consume actualmente alrededor de 10 kilogramos menos de carne vacuna al año con relación al 2002. El nivel más bajo en la historia se alcanzó a principios de este año con un consumo de 51 Kg. anual por habitante (Federación Agraria Argentina, 2003). La caída promedio de carnes es del 16,4 % respecto de los 61,4 kilogramos por habitante que se consumían en marzo de 2002. El precio de los cortes vacunos aumentó un 86,3 desde la devaluación. Mientras el mundo consume carnes de cerdos, y los países europeos alimentan a sus animales con la proteína de soja proveniente de la Argentina, este país con las mejores condiciones naturales para la producción de animales sanos ha perdido el 37,2 % del stock porcino, pasando en la última década de 6.000 reproductores porcinos a 1.200. La capacidad ociosa de las plantas de faena porcina alcanza el 70 %. En el sector lácteo, se produce el mismo proceso, donde desaparecieron el 27,3 % de los tambos entre 1996 y el 2000. Entre 1999 y 2002 la producción de leche se redujo de 10 mil millones de litros anuales de leche a 8.000 millones señalando que el consumo promedio de leche por habitante disminuyó desde los 230 litros de leche anuales a 180. Además del serio riesgo de pretender alimentar a la población más pobre con "leche de soja" en reemplazo de la leche verdadera, se deben considerar los impactos socioeconómicos producidos contra cada uno de los sectores. Por ejemplo el sector lechero empleaba alrededor de 70.000 trabajadores.
5. Consideraciones Finales Argentina ha favorecido un proceso de especialización agroproductivo, centrado en la monocultura sojera, expandido a importantes ecoregiones del país, con una fuerte demanda por nuevas tierras y produciendo un intenso impacto ambiental y degradación de recursos, tanto naturales como humanos. Existe una sobreexplotación de los recursos nacionales y una concentración en el negocio agrícola que ha pasado rápidamente en las últimas décadas a manos de corporaciones internacionales que, operando a escala global, dominan todos los puntos de la cadena de agroalimentos. Los buenos precios internacionales y el modelo de reducción de costos de la soja transgénica, ha facilitado un proceso de producción, altamente dependiente de los valores y vaivenes del commodity a nivel mundial. Esta oscilación ha facilitado un intenso desplazamiento de otras producciones diferenciadas y de productos de demanda de consumo interno. En poco tiempo, el país presenta serios signos de afectación en su soberanía alimentaria. La demanda por materias primas, fuertemente subvaluadas en el mercado internacional, la imposibilidad del país por comercializar productos con mayor valor agregado – situación repetida en muchos otras naciones del Sur -, las barreras paraarancelarias y los fuertes subsidios de las economías desarrolladas, obligan a una explotación cada día mayor de los recursos y la generación de pasivos ambientales que se suman a los impactos sociales y económicos relacionados con la desaparición de economías y producciones regionales y locales. La obligatoriedad por el incremento cada vez mayor de estas exportaciones sin valor agregado, para seguir cubriendo los intereses de la deuda externa es otro factor importante de esta degradación. La deuda ecológica del Norte sigue creciendo. La pérdida de calidad nutricional y alimenticia a lo que hoy en día se somete a una buena parte de los argentinos, refleja el cambio de paradigma alimenticio, donde los países más ricos consumirán productos con una carga y riqueza proteínica superior, sustentado en el consumo de carnes de distinto tenor, mientras los países menos desarrollados, se someterán a una pérdida de su diversidad alimenticia. La batalla por la proteína de calidad está en ciernes. Los daños ambientales y la pérdida de soberanía alimentaria reflejan los perjuicios generados en un país que no ha sabido poner límites a un modelo de producción minero, generar las políticas agropecuarias y ambientales adecuadas y utilizar los instrumentos económico ecológicos existentes, que faciliten el ordenamiento y el aprovechamiento regional y sustentable de su territorio frente al embate del "tecnodesarrollo" internacional impuesto. El cambio hacia prácticas productivas, sustentables en todas sus aristas y que emergen de situaciones locales, puede asegurar la recuperación de productos y consolidación de mercados sociales, que ponen nuevamente en las manos de los productores, los instrumentos y las formas de producción, especialmente para el rescate de los pequeños y medianos agricultores, que son quienes en el marco del verdadero concepto de multifuncionalidad de la agricultura, implementan y desarrollen sistemas agroecológicos ambientalmente amigables.
Referencias Aguirre, Patricia. 2003. Hambre en el país del trigo. "Los argentinos comemos hoy peor que hace treinta años". ( Julio 20) 30 - 31.Buenos Aires. Diario Clarín. Atlas Argentino. 2003.Buenos Aires. Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria.INTA. Casas, Roberto. 2003. Agosto 13.Está dañado el 20 % del territorio de la Argentina.. Investigación especial: Desertificación: La tierra se agota. Agosto 13, 2003. San José, Costa Rica. Semanario Tiempos del Mundo Cavalcanti, Clovis. 2000. Concepto desarrollado en la Reunión Bianual de la Sociedad Internacional de Economía Ecológica, ISEE. Canberra. CEPA. 2002. Mayo 31. Soberanía Alimentaria. Por el derecho del pueblo argentino a la alimentación. Consulta Preparatoria. Buenos Aires. Eguiazu, Guillermo y Alberto Motta.1997 Tecnopatogenia. Rosario. Editorial Universidad Nacional de Rosario, UNR. Federación Agraria Argentina, FAA. 2003. Rosario 91º Congreso Anual Ordinario. Trabajo, Producción y Equidad para volver a ser Nación. Una política de producción para el desarrollo nacional. Funtowicz, Silvio y J. Ravetz. 1994. Epistemología Política. Ciencia con la gente. Buenos Aires. Centro Editor de América Latina. INTA. Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria.2003. Julio 7 Día de la Conservación de Suelos. Mensaje Institucional. www.inta.gov.ar. Luzzani, Telma.2003. Julio 6.Pag 1-3. Libertad de Comercio con muchos perdedores. El campo no aguanta más. Buenos Aires. Suplemento Zona. Diario Clarín. Martínez Alier, Joan.2003. The environmentalism of the poor. A study of ecological conflicts and valuation.Williston, VT. EE.UU.Edward Elgar Publishing. Morales. Cesar. 2002. Las nuevas fronteras tecnológicas: Promesas y Bioamenazas de los transgénicos. CEPAL. Santiago, Chile. Serie Desarrollo Productivo. http://www.eclac.cl. Morgan, Dan.1979. Los traficantes de granos. Segunda Edición. Buenos Aires. Editorial Abril. Morello, Jorge y Walter Pengue. 2001. El granero del mundo se desertiza. Buenos Aires. Le Monde Diplomatique. Pengue, Walter A. 2000 Sustentables, hasta cuándo? Buenos Aires. Le Monde Diplomatique. Pengue, Walter A. 2000 b). Cultivos Transgénicos, Hacia dónde vamos?. Buenos Aires. Lugar Editorial, UNESCO. Pengue, Walter A. 2003, Junio. El vaciamiento de las Pampas. Buenos Aires. Le Monde Diplomatique. Pengue, Walter A. 2003 (b). La Economía y los Subsidios Ambientales: Una Deuda Ecológica en la Pampa Argentina. Buenos Aires. Fronteras 2: 7-8. Políticas Sociales. 2002. La soja en la Alimentación. Buenos Aires. Disponible en internet desde Enero 2003. www.politicasociales.gov.ar Viglizzo, Ernesto F et al.2002. La sustentabilidad ambiental del agro pampeano. Buenos Aires. Ediciones INTA. Winck, Luciamem. 2003. (Setiembre 7): 5. Fome Zero ainda nao saiu do papel. Brasil. Correio do Povo.
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