Mitos y Realidad del Mecanismo de Desarrollo Limpio
Por Arturo Villavicencio, Consultor(1)
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Resumen
El presente artículo sostiene que las discusiones sobre la contribución
de los proyectos bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio al desarrollo sustentable
contienen una peligrosa dosis de mitos y percepciones alejadas de la realidad
y que distorsionan los objetivos mismos del MDL. Los criterios propuestos para
evaluar la contribución de los proyectos MDL al desarrollo sostenible
son seleccionados explícitamente para satisfacer ciertos paradigmas y
reflejan un conjunto de ideas y valores que apuntan hacia una dirección
predeterminada, en donde las estrategias y respuestas siguen la lógica
de las teorías que los sustentan. Estas ideas han adquirido el status
de sentido común o 'sabiduría convencional' de tal manera que,
aceptadas como verdades universales, construyen el problema y prescriben su
solución en un sentido predeterminado, al mismo tiempo que legitiman
la acción de las agencias públicas y privadas involucradas en
el tema. Para que el MDL pueda alcanzar sus objetivos de contribuir al desarrollo
sustentable es necesario un re-examen de las ortodoxias convencionales que al
momento lo envuelven. Sin una evaluación cuidadosa de los atributos bajo
los cuales son presentados los proyectos, existe el peligro de que el MDL se
convierta en una mera herramienta de reducción de costos para el cumplimiento
de los compromisos de los países desarrollados; herramienta justificada
por beneficios incidentales que pueden o no resultar consistentes con las prioridades
de los países en desarrollo.
1. El Mecanismo de Desarrollo Limpio
La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio de Clima,
adoptada en 1992 y ratificada en 1994, constituye el marco legal para la adopción
de políticas estrategias globales orientadas a enfrentar el problema
del cambio climático. Mediante la Convención, las Partes signatarias
se comprometen a estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero
(GEI) en la atmósfera terrestre a los niveles registrados en el año
1990. A partir de 1994 las Partes de la Convención se reúnen anualmente
con el fin de definir e implementar los mecanismos necesarios para lograr los
objetivos establecidos en la Convención.
En la Tercera Conferencia de las Partes celebrada en Kyoto en 1997 fue adoptado
el Protocolo de Kyoto mediante el cual los países industrializados, 38
países en total, se comprometen a reducir sus emisiones de GEI durante
el periodo 2008 - 2012 a un nivel promedio del 5.2% por debajo de sus niveles
de emisiones registrados en 1990(2) . El Protocolo de Kyoto constituye un importante
hito dentro de los esfuerzos globales para proteger el ambiente y alcanzar un
desarrollo sostenible ya que por primera vez los gobiernos signatarios de la
Convención, bajo los principios de equidad y de responsabilidad común
pero diferenciada, aceptaron restricciones legalmente vinculantes sobre los
niveles de emisiones de GEI que tienen lugar en sus respectivos países.
Como el problema del calentamiento global se debe a la acumulación de
GEI en la atmósfera terrestre y por lo tanto, dicha acumulación
no depende del lugar donde se producen las emisiones, el Protocolo de Kyoto,
bajo el criterio de efectividad del costo, establece mecanismos que facilitan
a los países industrializados al cumplimiento de sus compromisos adquiridos
bajo el Protocolo. De estos mecanismos, el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL)
es el único que hace posible la participación de los países
en desarrollo en la implementación del Protocolo (3) . Bajo esta modalidad
los gobiernos o empresas de los países industrializados pueden realizar
inversiones en proyectos de reducción de GEI en países en desarrollo
y el volumen de dichas reducciones es reconocido como parte de sus compromisos
de reducción de emisiones de GEI.
Los Acuerdos de Marrakech, que establecen las modalidades y procedimientos
del MDL, definen básicamente dos condiciones para el reconocimiento de
un proyecto como proyecto MDL por parte de la Junta Ejecutiva del Mecanismo:
(i) que el proyecto sea adicional; es decir, que el proyecto no hubiese ocurrido
en ausencia del MDL; y (ii) que el proyecto contribuya al desarrollo sustentable
del país receptor o anfitrión del proyecto. La primera condición
requiere establecer una línea de referencia que permita comparar dos
situaciones hipotéticas sobre los niveles de emisiones de GEI: una sin
la ocurrencia del proyecto (escenario de base) y otro escenario que incluya
la ocurrencia del proyecto. La diferencia entre los volúmenes de emisiones
bajo estos dos escenarios constituye el monto de reducción de emisiones
que se contabiliza para las fines de los compromisos adquiridos bajo el Protocolo
de Kyoto. Los modalidades de control, monitoreo y verificación; es decir,
los aspectos técnicos del llamado 'ciclo de un proyecto MDL' involucran
una serie de engorrosos procedimientos en los que el papel fundamental desempeñan
las corporaciones multinacionales de control y verificación. La función
de los gobiernos de los países anfitriones de los proyectos (países
en desarrollo) esta limitado al cumplimiento de la segunda condición
para la validación de los proyectos: la declaración de que el
proyecto efectivamente contribuye a los objetivos de desarrollo sustentable
de estos países.
2. MDL y sostenibilidad: un debate sesgado
La preeminencia en el discurso del Mecanismo de Desarrollo Limpio de los detalles
técnicos de implementación del mecanismo ha determinado que el
tema de la contribución de los proyectos al desarrollo sustentable, aunque
recurrente en el discurso, sea abordado de manera superficial y aún con
bastante ligereza. Mientras el grueso del análisis se centra alrededor
de tópicos puntuales de procedimientos de control y verificación,
que por supuesto incluyen el problema de definición de una línea
de base, el tema de la sustentabilidad es abordado de manera marginal.
Dos ideas fundamentales dominan el discurso sobre la contribución de
los proyectos MDL al desarrollo sustentable de los países receptores
de los proyectos:
1) Los proyectos MDL, al reducir las emisiones de gases de efecto invernadero,
automáticamente promueven el desarrollo sustentable;
2) Los proyectos MDL, al atraer un flujo de inversión externa directa,
son positivos para el logro de los objetivos de un desarrollo sustentable.
Estas ideas han llegado aimpregnar de tal manera
las discusiones sobre el MDL que se acepta como un hecho indiscutible
el aporte de los proyectos MDL para la consecución de los
objetivos de sustentabilidad de los países. Las numerosas
guías y en general literatura sobre el MDL (Pembina, 2002;
CERUPT, 2001), son un ejemplo de ello. Mientras el grueso del
análisis se centra alrededor de tópicos puntuales
de procedimientos de control y verificación, que por supuesto
incluyen el problema de definición de una línea
de base, el tema de la sustentabilidad es abordado de manera marginal.
Todo parecería indicar que la magra atención que
se otorga al tema responde más a la necesidad de llenar
un requisito de forma en la formulación de los proyectos,
antes que a una discusión trascendente sobre el impacto
de los proyectos en los sistemas económicos, ambientales
y tecnológicos de las sociedades. Una situación
similar ocurre en los programas orientados al fortalecimiento
institucional y de capacidades nacionales como soportes del MDL.
Los esfuerzos, en su mayor parte, están enfocados a crear
o fortalecer estructuras administrativas con el fin de ejecutar
las tareas de rutina que implican el ciclo de un proyecto MDL.
Los objetivos de fortalecer la capacidad nacional para evaluar
y analizar las cuestiones cruciales respecto a la elección
de políticas y estrategias que respondan a legítimas
aspiraciones nacionales parecería que han pasado a un segundo
plano. Esto se evidencia en la preponderancia otorgada al problema
de definición de la línea de base. Es así
como el ejercicio de construcción de un escenario de referencia,
que ofrece un espacio de reflexión y análisis para
futuros alternativos y por consiguiente para las condiciones de
un desarrollo sustentable, ha sido reducido a un problema meramente
técnico de precisión en la contabilidad de la reducción
potencial de emisiones.
Bajo una perspectiva más amplia, el tratamiento asimétrico entre
las preocupaciones de aspectos meramente técnico-contables y la discusión
sobre contribución al desarrollo sustentable de los proyectos MDL responde
a la construcción de las interrelaciones desarrollo sustentable - MDL
bajo una percepción dominada por una racionalidad técnica e instrumental.
En ningún momento se cuestiona la posible existencia de conflictos y
contradicciones sino que se asume tácitamente la convergencia de objetivos.
Esta visión lineal tiene sus raíces en un enfoque netamente fragmentario;
enfoque bajo el cual una realidad compleja es descompuesta en sus componentes,
estos son analizados aisladamente y luego nuevamente ensamblados siguiendo un
'orden lógico' (Villavicencio, 2004). La descomposición de la
idea de sustentabilidad en bloques (económico, social, tecnológico
y ambiental) refleja esta perspectiva, y aunque se reconocen sus interdependencias,
la fragmentación del análisis es evidente al momento de interpretar
y valorar los diferentes bloques. Uno de los resultados es la selección
de un conjunto de indicadores que son densos y repetitivos en ciertas áreas
(varios indicadores para un mismo criterio de sustentabilidad), mientras es
notoria la ausencia de indicadores sobre temas críticos.
Esto se evidencia en la manera como son definidos los indicadores
para medir la contribución de los proyectos MDL al desarrollo
sustentable. Ellos son seleccionados explícitamente para
satisfacer ciertos paradigmas y reflejan un conjunto de ideas
y valores que apuntan hacia una dirección predeterminada,
en donde las estrategias y respuestas siguen la lógica
de las teorías que los sustentan. Así, por ejemplo,
siendo el MDL un instrumento que atrae y canaliza la inversión
externa, automáticamente se asume una serie de beneficios
que van desde efectos positivos en la balanza de pagos, generación
de empleo, flujos de capital a sectores productivos escasos de
recursos, transferencia de tecnologías de punta, hasta
la contribución a la sustentabilidad macroeconómica
de los países. Es decir, en este caso, se parte de una
hipótesis no cuestionada que tiene sus raíces en
lo que se conoce como la 'economía de la filtración'
(Sitglitz, 2002) según la cual, los efectos benéficos
de la inversión externa se filtran a través de todos
los poros de la economía y llegan incluso a los estratos
más pobres de la población. No se tiene en cuenta
la observación, trivial según el citado autor, que
'no es verdad que la marea levanta a todos los barcos; a veces,
una marea que sube velozmente, en especial cuando la acompaña
una tormenta, arroja contra la orilla los barcos más débiles
y los hace añicos'. Este tipo de ideas aparece tan evidente
que han llegado a convertirse casi en un leit-motiv del
discurso no solamente sobre el MDL sino sobre la problemática
del desarrollo. Ellas han adquirido el status de sentido común
o 'sabiduría convencional' de tal manera que, aceptadas
como verdades universales, construyen el problema y prescriben
su solución en un sentido predeterminado, al mismo tiempo
que legitiman la acción de las agencias públicas
y privadas involucradas en el tema.
Es necesario aclarar que no es el Mecanismo de Desarrollo Limpio lo que se
cuestiona en el presente trabajo. El MDL, y el Protocolo de Kyoto en general,
deben ser entendidos como el inicio de un proceso trascendental para la humanidad,
que dan a las cuestiones del ambiente y el desarrollo una verdadera legitimidad
internacional. Como todo esfuerzo pionero, el Protocolo adolece de limitaciones
y debilidades (Bonduelle, 2002) y los instrumentos incorporados en el Protocolo,
como cualquier instrumento de políticas, no siempre pueden resultar satisfactoriamente
eficaces en todas sus dimensiones y hasta en algunos casos, como se discute
más adelante, pueden revelarse contradictorios en los objetivos para
los cuales fueron diseñados. Únicamente una discusión abierta
de las ventajas y desventajas de estos instrumentos en situaciones precisas,
sus restricciones y riesgos, y la dinámica de su aplicación en
un contexto globalizado puede contribuir a superar paulatinamente sus limitaciones
y aumentar su efectividad para conseguir los objetivos esperados. Es en este
contexto que deben entenderse las observaciones y comentarios aquí expresados.
3. La Ortodoxia convencional en duda
La literatura sobre el MDL sugiere una variedad de indicadores
para evaluar la contribución de los proyectos al desarrollo
sustentable de los países en desarrollo (Pembina, 2002;
CERUPT, 2001;GEO, 1999; Thorne at al., 1999; Huq, 2002). Los indicadores
cubren aspectos sociales, económicos, tecnológicos
y ambientales, y concretamente se refieren a los problemas de
crecimiento económico, balanza de pagos, generación
de empleo, reducción de pobreza, salud, protección
ambiental, entre otros. Es decir, se trata de un compendio de
los problemas 'tradicionales' del desarrollo en donde los factores
que distinguen el desarrollo sustentable del desarrollo convencional
son sumergidos en un mar de problemas estructurales cuya solución
ciertamente no se facilita por el hecho de ser presentados bajo
el slogan de desarrollo sustentable. Esto no significa que estas
categorías de indicadores sean incorrectas o carezcan de
sentido. El problema consiste en que ellos son incompletos y,
como se anotó anteriormente, sesgados hacia paradigmas
o ideas convencionales que obscurecen el debate sobre las dimensiones
y contenido del desarrollo sustentable. Un examen menos sesgado
del significado de algunos indicadores confirma estas observaciones.
Entre los indicadores de sustentabilidad los siguientes criterios aparecen
en forma recurrente en las guías y manuales sobre el MDL:
· Contribución al crecimiento económico;
· Contribución a la sustentabilidad de la balanza de pagos;
· Generación de empleo;
· Efectividad del costo de los proyectos;
· Contribución a la protección del entorno local.
A continuación se discute brevemente ciertas implicaciones de estos criterios;
implicaciones que muchas veces son ignoradas al momento de evaluar los proyectos
MDL. La discusión no pretende entrar en un análisis detallado
de los temas sino únicamente resaltar el hecho que las relaciones entre
los proyectos MDL y el desarrollo sustentable (causa - efecto) no siempre son
lineales. Existen efectos indirectos, que en forma de retroalimentaciones, pueden
producir efectos opuestos a los objetivos que se persigue.
a) Contribución al desarrollo económico
Como se anotó anteriormente, una de las razones más importantes,
y quizá la de mayor peso, para la participación de los países
en desarrollo en el MDL es la posibilidad de atraer inversión externa
directa. La explicación no admite ambigüedades: las empresas extranjeras
aportan conocimientos técnicos y acceso a los mercados externos, crean
nuevas fuentes de empleo y abren nuevas posibilidades de acceso a los mercados
financieros internacionales. La recurrencia de esta argumentación es
tan persistente que hoy prácticamente se acepta como una verdad universal
el hecho que la inversión externa es un requisito indispensable para
la solución de la crisis del desarrollo. El éxito en el desarrollo
alcanzado por algunos países asiáticos es la muestra más
evidente de esta afirmación. Sin embargo, el papel de la inversión
extranjera en las economías de los países en desarrollo es cada
vez más cuestionado hoy en día. No se puede negar el efecto positivo
que conlleva la inversión externa, pero tampoco se puede ignorar los
efectos devastadores que dicha inversión puede ocasionar sobre el desarrollo
económico y social. Los ejemplos abundan y el número de las experiencias
negativas tiende a sobrepasar los casos de éxito. Y aún en estos
últimos, es necesario recordar que han sido los países que 'frenaron
los abusos de la inversión extranjera donde esta inversión ha
jugado un papel crítico, pero no tanto por el capital o el manejo empresarial,
sino por el acceso a mercados y nuevas tecnologías (Stiglitz, 2002).
El tema del papel de la inversión externa al desarrollo económico
cae fuera del tema del presente trabajo. La literatura sobre el tema es abundante
y con muy serios reparos a la idea que dicha inversión beneficia a los
países receptores. Al respecto baste mencionar dos fuentes, que por su
autoridad e importancia ameritan reflexión:
"Muchos gobiernos de países en desarrollo han introducido una política
de 'puertas abiertas' a la inversión extranjera. Alentados por los gobiernos
del Norte y por las instituciones financieras internacionales, aquellos gobiernos
buscan generar un crecimiento rápido de sus exportaciones mediante la
atracción de empresas transnacionales. Sin embargo, esta estrategia es
errada" (Oxfam, 2002; prefacio de Amartya Sen)
"La inversión extranjera directa tiene lugar únicamente
al precio de socavar los procesos democráticos
Más
aún, tales inversiones presentan otros efectos adversos
y a menudo no promueven el crecimiento económico
Ellas pueden ayudar a la creación de una economía
dual; una economía con islotes de riqueza. Pero una economía
dual no es una economía desarrollada. En efecto, un flujo
de recursos en realidad puede constituir un factor que impide
el desarrollo a través del mecanismo llamado 'la enfermedad
holandesa'.
Peor aún, la disponibilidad de recursos
puede alterar los incentivos: en lugar de orientar los esfuerzos
a la creación de riqueza, en muchos países dotados
de recursos naturales, los esfuerzos se orientan a la apropiación
de la renta que dichos recursos generan (Stiglitz, 2002).
La aureola de optimismo que rodea al MDL como uno de los motores de la inversión
externa requiere una re-evaluación urgente. No puede generalizarse que
por el hecho de atraer inversión externa un proyecto MDL automáticamente
contribuye al desarrollo sustentable. Un análisis menos simplificador
de las condiciones y efectos de dicha inversión debe efectuarse para
cada caso concreto.
Al respecto, cabe señalar que otro de los argumentos de soporte para
afirmar los impactos positivos de la inversión externa en proyectos MDL
es el de 'fungibilidad', según el cual el dinero que entra con un objetivo
libera una cantidad igual de dinero para otro objetivo. El razonamiento es como
sigue: los proyectos MDL contribuyen a la sustentabilidad macroeconómica
porque alivia a los gobiernos de la presión de realizar proyectos que
pueden ser implementados por la inversión externa. El único comentario
que cabe al respecto es que haría falta asumir un conjunto de hipótesis
verdaderamente surrealistas para sostener semejante argumentación.
b) Contribución a la sustentabilidad de la balanza de pagos
El impacto positivo que un proyecto MDL puede tener sobre la balanza de pagos
es otro argumento recurrente en el tema del MDL y desarrollo sustentable. El
razonamiento es simple: un proyecto MDL, a través del incremento de la
eficiencia del uso de combustibles fósiles o mediante su substitución
por fuentes renovables de energía, reduce el volumen de importación
de combustibles (o permite aumentar los saldos exportables) y por lo tanto representa
un ahorro (ganancia) neto de divisas para el país. Planteado el problema
en estos términos se concluye que el proyecto en cuestión contribuye
a la sustentabilidad de la balanza de pagos de un país. Esto puede ser
cierto, pero únicamente en forma parcial.
No se debe perder de vista que muchos proyectos MDL se espera que sean financiados,
total o parcialmente, a través de la inversión externa directa,
y que el ciclo de la inversión se cierra con la repatriación de
ganancias y utilidades, y por supuesto del capital invertido, al país
de origen de la inversión. Todas las ganancias y remuneraciones sobre
el capital son ya sea transferidas fuera del país o incrementan el stock
de capital para el aumento de ganancias futuras que igualmente saldrán
del país. Así, para el país anfitrión las ganancias
sobre la inversión extranjera directa o significan una transferencia
en divisas fuera del país o incrementan el stock de capital controlado
por el capital extranjero. Estos flujos de divisas son engrosados por los pagos
de patentes, franquicias, servicios financieros y otro tipo de servicios cuyos
montos están controlados por los inversionistas y que en muchas ocasiones
da lugar a lo que algunos autores (Woodward, 2001; Long y Pearson, 2002) califican
como la 'manipulación en la transferencia de los precios', que simplemente
consiste en fijar los precios a niveles superiores al nivel de precios prevalecientes
en el mercado nacional o internacional.
En resumen, no se puede generalizar el hecho que la disminución de importaciones
de combustibles ocasionada por un proyecto MDL automáticamente se traduce
en un ahorro de divisas para el país anfitrión del proyecto. Un
balance entre estos ahorros y los flujos de divisas hacia el exterior debería
ser establecido caso por caso. Se debe tener presente que el mecanismo de inversión
extranjera directa presenta severas fugas de divisas para el país anfitrión,
y en muchos casos conducen a un deterioro de la balanza de pagos. El otro lado
de la ecuación tampoco resulta muy prometedor. Para el país de
donde proviene la inversión tampoco hay garantías que las ganancias
regresen al país de origen del capital ya sea como inversión o
pagos en impuestos, ya que estas pueden ser reinvertidas en otros países,
transferidas a otras empresas afiliadas o lo más común, transferidas
a los paraísos fiscales a fin de evadir cargas impositivas en los países
de origen (Woodward, 2001).
Resulta curioso señalar al respecto que mientras el tema de las fugas
físicas (reducciones o aumento de emisiones que ocurren fuera de los
límites de un proyecto MDL) es objeto de especial atención en
las guías sobre el MDL (CERUPT, 2001; Pembina, 2002; EcoSecurieties,
2002), el tema de las fugas financiero-económicas (costos de servicios,
transferencias de precios, licencias, intereses) es completamente ignorado.
Esto muestra una vez que la preocupación sobre la 'integridad ambiental'
del MDL tiene primacía sobre la integridad del MDL en términos
de su contribución al desarrollo sustentable.
c) Efectividad del costo
Entre los mecanismos establecidos por el Protocolo de Kyoto, el MDL ha sido
hasta hoy el que ha despertado mayor interés y expectativas principalmente
porque es visto como un instrumento de convergencia de intereses entre los países
industrializados y los países en desarrollo (WRI, 1999). Para los primeros,
el MDL representa una fuente de bajo costo de créditos de reducción
de emisiones, mientras que para los países en desarrollo es una oportunidad
para atraer inversiones que promueven el desarrollo sustentable. En este contexto,
el MDL es presentado como una típica opción 'ganador-ganador':
los unos ganan porque compran barato y los otros porque venden un servicio que
en ausencia del MDL no tendría mercado. Planteado en estos términos,
el MDL resulta en un instrumento con una alta efectividad del costo para lograr
los objetivos establecidos en la Convención sobre el Cambio Climático.
Sin embargo, en este punto también convendría un poco de cautela
especialmente en lo que respecta a la distribución equitativa de las
ganancias. Expresado en un lenguaje neutro, el problema consiste en las posibles
asimetrías en la apropiación de la renta que generan los Certificados
de Reducción de Emisiones (CER) por parte de las partes involucradas
en el negocio. En términos más directos: existe el riesgo que
la una parte gane mucho y la otra muy poco o hasta puede darse el caso que esta
última resulte perdedora.
El tema de la distribución de la renta generada por los CER prácticamente
ha estado ausente de la literatura sobre el MDL con notables excepciones como
es el caso del análisis de Bouille (2002), en donde el citado autor abre
interrogantes y plantea elementos de juicio para una amplia discusión
sobre este tópico. En este punto es importante destacar que existen algunos
mecanismos, directos e indirectos, que inciden en la distribución de
las potenciales ganancias generadas por los proyectos MDL. Uno de ellos es,
por ejemplo, las tasas de interés que se aplicarían a las inversiones
o préstamos para proyectos MDL. Mientras los préstamos u otros
instrumentos de la llamada 'ayuda oficial para el desarrollo' han sido siempre
concedidos a tasas de interés preferenciales o cercanas a las tasas de
mercado, las tasas de retorno de la inversión externa directa o de los
préstamos del sector privado son mucho más elevadas debido a las
altas primas de riesgo que se aplican en estos casos. No hay motivos para suponer
que el financiamiento externo de proyectos MDL no sea sometido a un criterio
similar. Según el Banco Mundial, las tasas de retorno sobre la inversión
externa en los países en desarrollo fueron entre el 16 y el 18 por ciento
durante el período 1990 -1994, equivalentes a más del doble de
las tasas de interés del mercado de capitales. Para los países
de África, durante el mismo período estas tasas se situaron entre
24 y el 30 por ciento, es decir cuatro veces el costo del dinero de los préstamos
al sector público (Loong y Pearson, 2002). No hay dudas que la efectividad
del costo de los proyectos MDL puede ser alta; el problema consiste en que los
expertos y agentes de decisión olvidan de averiguar: es alta para quién?
Cabría preguntarse al respecto si no sería más conveniente
para los países en desarrollo que los proyectos MDL fuesen canalizados
a través de los mecanismos de asistencia oficial para el desarrollo y
evitar así el drenaje de las rentas a través costos de servicios,
transferencias de precios, licencias, que no siempre resultan tan evidentes
al evaluar la contribución del MDL al desarrollo sustentable.
d) Contribución a la generación de empleo
La generación de empleo es presentada como uno de los atributos de los
proyectos MDL. Es verdad que un proyecto MDL, como cualquier otro proyecto,
genera puestos de trabajo durante su etapa de construcción. Como resultado,
la localidad donde el proyecto es implementado puede experimentar un 'boom económico',
pero este crecimiento es temporal mientras dura la construcción del proyecto.
Una vez implantado el proyecto, los puestos permanentes de trabajo son escasos,
el factor dinamizador de la economía local desaparece y, en los casos
de proyectos de magnitud considerable, surge el problema de la población
desplazada por efecto de la demanda de mano obra requerida durante la construcción
del proyecto. En estos términos, un proyecto MDL puede significar un
alivio temporal inmediato al problema del empleo; sin embargo los efectos aún
a corto plazo no contribuyen a lograr sociedades más sustentables y es
más, estos efectos pueden resultar contraproducentes para los objetivos
de desarrollo.
Además de la generación directa de puestos de trabajo, un proyecto
MDL puede afectar el empleo de manera indirecta por los efectos multiplicadores
que puede tener sobre una economía. Estos efectos se expanden sobre el
sistema económico a través de la red de actividades que emergen
alrededor del proceso de innovación tecnológica que un proyecto
puede articular. La capacidad de un proyecto de dinamizar este proceso constituye
una de las dimensiones básicas de la contribución de un proyecto
MDL al desarrollo sustentable. Sin embargo conviene señalar que las expectativas
al respecto no son muy prometedoras. En efecto, casi la totalidad de proyectos
MDL en cartera, especialmente en América Latina, se limitan a tecnologías
convencionales sobre las cuales la Región tiene una larga experiencia
y en algunos casos, como el de la hidro-electricidad, el liderazgo a nivel mundial.
En definitiva es necesario tener en cuenta que no es precisamente la generación
de empleo el indicador más apropiado para cualificar la contribución
de un proyecto MDL al desarrollo sustentable.
Nuevamente conviene notar en este punto que la asociación entre empleo
y proyectos MDL lleva implícita la idea de que la inversión externa
promueve la generación de empleo. Este hecho es indiscutible y las experiencias
abundan. Sin embargo, se olvida que en muchos casos los gobiernos se han visto
forzados a desmantelar los derechos de los trabajadores y promover la precariedad
de las condiciones de trabajo con el fin de atraer dicha inversión (OXFAM,
2002). Esta observación es muy pertinente cuando se argumenta que 'los
proyectos MDL pueden contribuir al aumento de la productividad en una región
haciendo posible la extensión de la jornada laboral hacia las horas de
la noche' [mediante la electrificación de la zona].
e) Riesgos
El tema de los riesgos inherentes a los proyectos MDL no forma parte del conjunto
de indicadores comúnmente sugeridos en los estudios sobre sustentabilidad;
sin embargo, una de las dimensiones básicas del concepto de sustentabilidad
es la capacidad de los sistemas de crear mecanismos de protección y responder
adecuadamente ante contingencias externas (Bossel, 1999); en otras palabras,
la capacidad de protección ante riesgos eventuales. El significado de
las contingencias para la toma de decisiones depende del costo de reversión
de las decisiones una vez tomadas, de la volatilidad del entorno y de la sensibilidad
de los beneficios ante la ocurrencia de eventualidades (Rosenhead, 1989). En
el caso del MDL, las contingencias asociadas los proyectos presentan características
particulares:
- Siempre existe un riesgo de que el proyecto no genere el volumen de reducción
de emisiones inicialmente estimados. Las causas pueden ser múltiples
e incluyen desde problemas técnicos que resultan en niveles de eficiencia
menores a los inicialmente establecidos hasta simplemente el hecho de que el
proyecto deje de operar.
- El mercado del carbono se encuentra todavía en su fase
embrionaria, por lo tanto existe el riesgo de volatilidad de los
precios del carbono en el mercado internacional, lo que implica
un riesgo financiero especialmente cuando los precios son fijados
al valor del mercado al momento de la negociación del volumen
de carbono reducido.
- La reducción de emisiones de un proyecto MDL es estimada en la fase
de diseño del proyecto tomando como referencia para el cálculo
la línea de base, es decir antes de la implementación del proyecto.
Una sobre-estimación de la línea de base puede resultar en que
las reducciones proyectadas al inicio sean menores que las reducciones comprobadas
en la fase de monitoreo y por lo tanto, el proyecto no genere el volumen de
reducción de emisiones inicialmente acordado entre el vendedor y comprador
de los certificados de reducción de emisiones (CER).
- Otro tipo de riesgos como desastres naturales, inestabilidad económica
y social del país anfitrión pueden también afectar la cantidad
de los CER generados por el proyecto. Aunque este tipo de riesgos está
fuera del control de las partes que intervienen en la negociación de
los CER, es necesario delimitar las responsabilidades en cuanto al cumplimiento
de la cantidad de CER inicialmente acordada ante la ocurrencia de este tipo
de eventos.
Dependiendo de la modalidad de financiamiento de un proyecto MDL, estos riesgos
son asumidos de manera desigual por las partes involucradas. Al respecto, es
conveniente recordar que básicamente se presentan cuatro opciones de
financiamiento (Pembina, 2002):
- Financiamiento total o parcial del proyecto a cambio de dividendos financieros
y Certificados de Emisiones Reducidas (CER);
- Contribución financiera a cambio de CER ya sea para cubrir una fracción
del costo incremental del proyecto respecto a una tecnología de base
o para eliminar barreras y distorsiones del mercado;
- Préstamo externo a intereses concesionarios a cambio de CER; y
- Acuerdo de Compra de CER: una empresa acuerda comprar certificados a medida
que el proyecto genere reducciones de emisiones.
Bajo las modalidades de préstamo o de acuerdo de compra, la mayor parte
del riesgo es asumida por el país anfitrión ya que la capacidad
de reembolso del préstamo y los beneficios esperados dependen exclusivamente
de la generación de CER. Además, si el valor de los CER es menor
que el valor anticipado, la brecha en el servicio de la deuda tendrá
que ser cubierta por la contraparte local. En el resto de casos los riesgos
para el inversionista local son menores. De todos modos se puede afirmar que
los proyectos MDL implican una distribución bastante desequilibrada del
riesgo. Cabría preguntarse en este punto si acaso el MDL no esta promoviendo
inversiones externas de bajo riesgo que abundan en posibilidades para una acumulación
disfrazada de ganancias mediante licencias, regalías, transferencia de
precios y costos de servicios? En ausencia de estrictos controles por parte
de los países receptores de la inversión y de una política
efectiva de regulación, el MDL puede contribuir a amenazar la estabilidad
económica y por lo tanto la sustentabilidad de los países.
4. Impactos ambientales
La contribución de los proyectos MDL a la protección del ambiente
es otro de las hipótesis no cuestionadas al evaluar los beneficios del
mecanismo al desarrollo sostenible. Se parte de la suposición no cuestionada
de que al disminuir o eliminar las emisiones de gases de efecto invernadero,
los proyectos MDL automáticamente son positivos para el ambiente. Esto
es parcialmente cierto. Efectivamente, en algunos casos la eliminación
de contaminantes globales es acompañada de una disminución de
contaminantes que afectan el entorno local como es el caso de del monóxido
de carbono y los óxidos de azufre, por ejemplo. Sin embargo, existe la
tendencia a ignorar que ciertos proyectos pueden afectar negativamente el ambiente
y, en el caso de los grandes proyectos hidroeléctricos, pueden resultar
catastróficos para las poblaciones y los ecosistemas locales.
La muestra más evidente de la simplificación y percepción
errada de la contribución de los proyectos MDL al desarrollo sostenible
se puede observar en la promoción exagerada de la tecnología fotovoltaica
como solución a los problemas energéticos y ambientales en las
zonas rurales (Villavicencio, 2002). La difusión de paneles fotovoltaicos
ha sido el blanco privilegiado de los proyectos del Fondo Mundial para el Ambiente
y de los programas de asistencia en el ámbito del cambio climático.
La lógica que sustenta los proyectos de electrificación fotovoltaica
en los sectores rurales aislados descansa, entre otros fundamentos, en el hecho
que esta tecnología es libre de emisiones y por lo tanto elimina los
problemas de contaminación al interior de las viviendas así como
permite reducir las emisiones que afectan el fenómeno del calentamiento
de la atmósfera. Sin embargo, se olvida el hecho trivial de que un sistema
fotovoltaico para una vivienda individual requiere, en el mejor de los casos,
una nueva batería cada dos años. Así, por ejemplo, un proyecto
MDL de electrificación fotovoltaica a 100 viviendas de una población
rural implica a lo largo de la vida útil del proyecto (veinte años)
el uso de por lo menos 1.000 baterías. El almacenamiento y la gestión
de deshechos altamente tóxicos que ponen en riesgo directo la salud de
la población y afectan seriamente la calidad del suelo y de los acuíferos
es un problema que no se menciona en el momento de elogiar las virtudes de esta
tecnología. Al igual que en muchos programas de la llamada 'asistencia
al desarrollo' un velo simplificador, que en algunos casos responde a intereses
creados, tiende a distorsionar los problemas y por lo tanto, a plantear soluciones
que no siempre resultan las más adecuadas para resolver los problemas
que se presentan. En resumen, no se puede afirmar que las acciones conducentes
a mitigar el cambio de clima son automáticamente positivas para la protección
del medio ambiente a nivel local o regional. Un examen riguroso caso por caso
es necesario para evaluar los costos y beneficios de cada acción.
5. Conclusiones
En un estudio seminal Hirschman (1968) señala que las políticas
y programas exitosos en la movilización de fondos, instituciones
y tecnología, son aquellos que descansan en un conjunto
de hipótesis más menos ingenuas, no comprobadas,
simplistas y optimistas acerca del problema por resolver y del
enfoque a ser adoptado. Estas hipótesis simplificadoras,
y habilitantes de los proyectos, son generalmente codificadas
en lo que el autor llama las narrativas del desarrollo. El poder
de estas narrativas es amplificado a través de la incorporación
de símbolos dominantes, ideologías y experiencias
reales o imaginarias de sus adherentes. En este sentido, estas
narrativas son una construcción social y reflejan la hegemonía
del discurso Occidental sobre el desarrollo (Hoben, 1996). Estas
observaciones son completamente válidas para el caso del
Mecanismo de Desarrollo Limpio. Existe una gran tentación
de investir al MDL de un margen de acción y efectos mucho
más allá de sus limitadas posibilidades, no solamente
en lo que se refiere a su contribución al desarrollo sustentable
sino a su contribución a la solución del problema
que se trata de resolver: la estabilización del cambio
del cambio de clima. Un velo simplificador, de alto contenido
ideológico envuelve las discusiones sobre el MDL y, paradójicamente,
en parte como una respuesta al manejo de la sobre-información,
la rápida generación y circulación de información
aumenta la tendencia hacia la simplificación y convergencia
en el discurso acerca de las cuestiones ambientales y de desarrollo.
Aquí encaja apropiadamente la observación de Leach
y Mearns (1996) respecto a la formación de ortodoxias convencionales
sobre la visión de los problemas ambientales y de desarrollo
en África: 'las mismas imágenes y argumentos, la
repetición continua de los mismos clichés, las referencias
a las mismas estadísticas contribuyen a la construcción
y simplificación del mensaje que es frecuentemente internalizado
y reproducido por los expertos y agentes de decisión en
el ámbito local'.
Para que el MDL pueda alcanzar sus objetivos
de contribuir al desarrollo sustentable es necesario un re-examen
de las ortodoxias convencionales que al momento lo envuelven.
Sin una evaluación cuidadosa de los atributos bajo los
cuales son presentados los proyectos, existe el peligro de que
el MDL se convierta en una mera herramienta de reducción
de costos para el cumplimiento de los compromisos de los países
desarrollados; herramienta justificada por beneficios incidentales
que pueden o no resultar consistentes con las prioridades de los
países en desarrollo. Hay que reconocer que las discusiones
sobre la contribución del MDL al desarrollo sustentable
contienen una peligrosa dosis de mitos y percepciones alejadas
de la realidad que distorsionan la esencia del debate. Conviene
recordar en este punto que este fenómeno no es nuevo en
la agenda sobre el desarrollo. Leach y Mearns (1996) en un estudio
remarcable demuestran como ideas preconcebidas sobre los problemas
ambientales, aceptadas como verdades indiscutibles, han conducido
a una distorsión de la realidad y a la aplicación
de políticas y estrategias erradas en África. En
el mismo sentido, Villavicencio (2002) muestra como la promoción
de sistemas solares descentralizados, la tecnología más
limpia y apropiada según la 'sabiduría convencional'
para la electrificación de zonas rurales aisladas, en lugar
de constituir un factor de desarrollo puede convertirse en un
sumidero de recursos y por tanto frenar el desarrollo social y
económico, además de los riesgos de contaminación
a los que se hizo referencia anteriormente. En el caso del MDL
las tesis ampliamente aceptadas sobre la contribución de
los proyectos a la 'sustentabilidad' del crecimiento económico,
balanza de pagos, generación de empleo y desarrollo tecnológico
merecen ser re-evaluadas dentro de un marco de análisis
que permita tomar en cuenta las interdependencias y retroalimentaciones
entre las dimensiones de la sustentabilidad que son afectadas
por los proyectos.
La escasa y superficial atención prestada por el MDL al tema de desarrollo
sustentable, a la que se hizo referencia anteriormente, se explica también
por la manera como el problema del cambio de clima ha sido construido por la
comunidad internacional. Fuertemente enraizado en los paradigmas de la ciencia
'objetiva' (Cohen et al., 1998), el problema del cambio climático ha
sido gradualmente estructurado en términos de flujos físicos de
materia y energía, aislados del contexto social, ignorando la dimensión
humana del problema y las dificultades de diseñar estrategias localmente
diferenciadas de repuesta. Planteado de esta manera el problema la solución
resulta evidente: reducir las emisiones; lo que explica el hecho que la discusión
sobre el tema se haya centrado en encontrar las medidas de más alta efectividad
del costo para lograr la mitigación del clima. Poco importa el origen
de las emisiones; lo que importa es la identificación los mecanismos
de menor costo que permitan su reducción. Así, se analiza bajo
un mismo criterio las emisiones de GEI que se originan por las actividades de
supervivencia de una gran parte de la población mundial con las emisiones
provenientes del exceso de consumo de una parte minoritaria. Construido así
el debate como un problema de emisiones atmosféricas, la solución
se plantea automáticamente en términos de lo que las ciencias
sociales reconocen como la racionalidad instrumental en la solución de
los problemas: el conocimiento técnico aplicado a alcanzar de la manera
más eficiente un objetivo único y no cuestionado. De ahí
que 'no es una coincidencia que la economía neo-clásica, la más
reduccionista e instrumental de la ciencias sociales, haya llegado a dominar
el análisis de la dimensiones humanas [desarrollo sustentable] del cambio
climático' (Cohen et al., 1998). Hay que reconocer que este dominio ha
sido posible debido a la debilidad de las ciencias sociales en articular un
marco teórico que permita identificar de manera clara y precisa las dimensiones
y atributos del desarrollo sustentable y proporcionar herramientas de análisis
de soporte en los procesos de decisión orientados mantener o expandir
dichos atributos.
Sin embargo, notables avances por estructurar
un marco coherente y consistente de análisis han sido realizados
por la comunidad científica internacional en los últimos
años. La integración de conceptos multidisciplinarios
como emergencia, co-evolución, auto-organización,
ciclos de adaptación, resilencia, entre otros, ha ido paulatinamente
configurando un marco teórico conceptual dentro del cual
los conceptos de sustentabilidad y desarrollo adquieren connotaciones
precisas en el análisis de sistemas complejos (Gunderson
y Holling, 2002; Bossel, 1999). Se puede así afirmar que
el concepto de desarrollo sustentable ha dejado de ser una noción
ambigua y vaga para convertirse en un concepto operacional cuyas
dimensiones son susceptibles de ser evaluadas a diferentes niveles
de objetividad. Es de esperar que estos conceptos sean incorporados
en el debate sobre MDL y sustentabilidad con el fin de disminuir
el sesgo ideológico que actualmente predomina en el análisis
de la contribución del mecanismo al desarrollo sostenible
de los países en desarrollo.
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1. El autor es miembro del Panel
Intergubernamental sobre el Cambio de Clima (IPCC) y actualmente
colabora como autor principal en la elaboración del Cuarto Reporte
de Evaluación del Cambio Climático del IPCC.
2. La entrada en vigor del Protocolo de Kyoto requiere la ratificación
de por lo menos 55 países incluyendo aquellos responsables de
por lo menos el 55% de las emisiones de los países industrializados.
Con el abandono del Protocolo por parte de los Estados Unidos
su vigor depende de la ratificación de la Federación Rusa, país
que hasta al momento ha dado señales contradictorias sobre su
intención de ratificar el Protocolo.
3. Los otros mecanismos establecidos por el Protocolo son (i)
el Comercio Internacional de Emisiones que permite la transferencia
de ‘derechos de emisiones’ entre los países industrializados;
y (ii) la Implementación Conjunta que permite a los países reclamar
créditos por la reducción de emisiones que generen sus inversiones
en otros países industrializados.
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